Con luz vuelven las cosas.
Los grandes edificios
se cubren de esqueletos,
los charcos desparraman
su perfume de reflejo.
Todo vuelve. Esa es la maldición.
Vuelven como si no se hubieran ido,
como si el irse fuera solo
un ejercicio de la mente.
Por ahora el adiós maquilla
los que somos, nubes pasando
sobre un circo de heces.