Espacios

Acá los niños lloran igual
y los autos se detienen a entender las señales de alto.
Los edificios chorrean su podredumbre al cielo
en un grito que solo escuchan los sordos.
Una mujer embarazada toda de Ecuador
sostiene en sus manos un cuchillo
(no lo sabe, pero su placenta es un caldo
en el que se cocina el horror de un pueblo).
Pero hay espacios en donde llueve la alegría
espacios diminutos como uñas perdidas
que se clavan en la sonrisa de los turistas
o en la vuelta de hoja de la palma
y que hacen menos atroz incluso el hecho
de que algún suicida este planee su fuga
entre canciones y flashes de cámara y autos.
Hay espacios aparentes
que solo son capaces de llenarse
con sangre y carne y medula y huesos
y dientes que se van perdiendo bajo las ruedas de los autos.

Guayaquil Ecuador

Que plano es el horror que cuelga de la puerta del sol.
Que plano en los ojos, engallosos rubíes,
haciendo señas desde el puente, los pómulos, el hueso.
Sé en cual esquina esta la muerte, sopla sin dientes
la entraña prohibida
la niña arrullando a otra niña
mientras vomita una cancion la ventana abierta de los autos.
Yo esperaba necesitaba otra cosa
no esta tierra adormecida no esta golondrina de la derrota.
Veintinueve niños diesiocho luces aplanando el horror
en la Joaquin Orrantia.
Veintinueve niños diesiocho luces
obligándome a pasar absurdo y desapercibido
mientras me hundo en el caldo oscuro de mi bolsillo.

E. Leumas. Reencarnación de un corazón en vuelo, o el faro que late en la tormenta. Lunes 9 de Octubre, 2013.

Ella era un faro y yo la seguía entre la gente como un barco herido por la tormenta. Seguía su pelo como seguir un olor que se iba diluyendo, si dejaba que sus pasos fueran más largos que los míos. Tan lejana y cercana como los ladridos de un perro en mitad de la noche, sin otros perros alrededor, yo estaba atrapado por su gravedad como la luz enferma de una estrella en un libro viejo de ciencia. Atrapado fuera del tiempo, ya que en mi carne todo era tormenta.   

-Estoy seguro de que se le cayó a usted…- le dije tímidamente.
-No - respondió con la cara manchada por la sorpresa - nunca había visto esa cartera. 

Antes de matar por primera vez, repasaba todo lo que debía decir y sentir, cada gesto y cada palabra debían ser milimétricamente dispuestas, como en un ajedrez, para que todo fuera perfecto. Antes de matar por primera vez, fantaseaba con cada mujer que veía. Practicaba siempre las más diversas situaciones, preguntándome incluso como incidía el color del tacón perdido, o el sabor que más odió en su vida, con el éxito o fracaso de mi proyecto. Fantaseaba con cada mujer, la miraba e intentaba leerlas para anteponerme a cualquier situación. Si tenía un cuello largo (como el que ella tenía), el corte debía ser preciso, la presión perfecta. Sus manos no debían estar tensas sino hasta el final, cuando supiera que todo estaba perdido, cuando se diera cuenta al fin que mañana no despertaría, y que la de ayer fue la última colcha que se marcaría en su espalda.   

Aquella tarde fuimos juntos a dejar la cartera a la comisaría donde, con extraño gusto, nos atendieron. Luego pasamos por un café a la avenida Rouge, y mientras caminábamos pude ver cada detalle en cámara lenta, pude verla moviéndose suavemente, casi forzando a la realidad a que se mantuviera en su lugar. Incluso la brisa del viento parecía obedecerle, su pelo era el oleaje que acariciaba la orilla de un rostro que poco a poco se convertía en duna y fuego.

- ¿Y a qué te dedicas? - me dijo sacándome de golpe del transe - Hace rato que solo hablamos de mi… 
- Soy pintor… - respondí- pinto con palabras, y me encantaría pintarte a vos.-

A continuación fuimos a mi casa. No espero que entiendan las razones del porqué murió, pero la razón por la que murió fue que podía matarla. Ella era un pájaro en un nido, y yo el halcón que se preguntaba por lo que se ocultaban sus plumas. 

¿Tembló de miedo o de frío? Al final, puedo asegurarlo, de frío. El miedo es algo que no les permito. Saqué lentamente el pájaro de su pecho, lo vi hasta que se quedó cómodamente quieto con el calor de mis manos. Luego, por primera vez, alzó en vuelo. 

Reencarnación

Habiendo tanto que perder y no te tengo,
porque hallar y perder es nuestra vida.

Como un grito que más que viento es un misterio,
algo que muere como una cosa de un día.

¡Cuántas cabezas habrás cortado, cuántos corazones!
Dios nos ha separado
y es el diablo quien nos vuelve a juntar. 

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Se van los rostros 
quedan las palabras.
Uno a uno van muriendo
como pájaros ahogados 
              en otras aguas.

Se van los rostros 
quedan las palabras. 
Siempre es más fácil hablar 
con quienes duermen 
               bajo las tapias.

Pasa una golondrina
sobre el bronce del parque.
¿Y a quién le importa? 
Al irse se van los rostros 
y quedan las palabras. 

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